Ante la desaparición de Steve Jobs optamos por recordar su ‘decálogo’ que es una valiosa muestra de su capacidad y trayectoria:

No hay nada que perder. Hay que intentarlo, aunque parezca imposible. Es una de las lecciones que Jobs dejó en 2005, durante su célebre discurso en la Universidad de Stanford. Acababa de superar un cáncer de páncreas.

Si no existe un mercado hay que inventarlo. Lo logró con el iPod, después con el iPhone y, por último, con la tableta iPad.

No realizar estudios de mercado. Hay una famosa frase de Jobs: “La gente no sabe lo que quiere hasta que uno se lo muestra”. Él mismo hacía sus propios estudios de mercado llevándose prototipos a su casa donde los sometía a pruebas.

Contratar a los mejores. Cuando fundó la empresa NeXT, Jobs contrató al arquitecto I. M. Pei para diseñar el logotipo y a Mickey Drexler -de GAP- para que formara parte del consejo de administración de su empresa con miras al lanzamiento de la cadena de tiendas Apple.

Formar equipos pequeños. Jobs creía que no podía memorizar más de cien nombres. Es por eso que el equipo inicial de Macintosh tenía exactamente cien colaboradores. Para contratar uno nuevo, debía licenciar a otro.

Delegar. Jobs supo rodearse de un equipo preparado para continuar su trabajo. Tim Cook, el nuevo consejero delegado de Apple, ya se hizo cargo de algunos lanzamientos de la marca, como los del iPhone 4 y el de iPhone 4S, presentado esta misma semana.

Buscar un gran enemigo. Apple tuvo su primer éxito a partir del anuncio publicitario “1984”, emitido una sola vez, durante la final del Super Bowl. En el spot se comparaban con IBM, empresa por entonces ya instalada en el mercado. Más adelante eligió otros grandes con quienes “pelear”, como Microsoft, Google y Amazon.

Es mejor usar una zanahoria antes que un látigo. Dicen que Jobs a veces daba miedo, pero su carisma personal era lo que de verdad motivaba a sus empleados. Su entusiasmo contagioso fue la razón por la que el personal que diseñó la primera Mac se pasó tres años trabajando 90 horas por semana para lograr una computadora de gran calidad.

Todo en secreto. En Apple nadie habla. Y nadie sabe más que lo necesario. Este silencio provoca interés por las presentaciones de producto, lo que a su vez logra títulos en los diarios.

Buscar la perfección. Jobs era meticuloso. Cuidaba cada detalle. Cuentan que en la víspera del lanzamiento del primer iPod, sus empleados pasaron la noche sustituyendo las clavijas de los auriculares: consideraba que no hacían clic de la forma precisa y deseada.

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